¿Por qué la crisis del cacao y el café amenaza a empresas y consumidores?

Granos de cacao y café sobre una mesa de comercio con una pantalla digital de precios al alza al fondo.

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¿Por qué la crisis del cacao y el café amenaza a empresas y consumidores?

Desde 2024, los mercados del cacao y del café viven su mayor desequilibrio en décadas. Sequías, plagas, fincas envejecidas y tensiones financieras han reducido la producción global justo cuando la demanda se mantiene firme. El resultado es un cóctel inflacionario que presiona a economías, empresas y consumidores por igual.

La raíz del problema

En el caso del cacao, la situación alcanzó niveles históricos. Según el boletín de mayo de 2025 del International Cocoa Organization, la producción mundial cayó un 13 % interanual durante la campaña 2023/24, dejando un déficit de unas 494 000 toneladas y existencias en su punto más bajo en casi medio siglo. Las causas combinan clima extremo, olas de calor y lluvias irregulares en África occidental — región que concentra más del 60 % de la producción mundial — junto a plagas como el swollen shoot, que obliga a replantar árboles y retrasa la recuperación de las cosechas.

A ello se suma la falta de inversión: muchas plantaciones tienen árboles con más de tres décadas y los productores se ven empujados hacia cultivos más rentables o menos arriesgados. La propia ICCO advertía en diciembre de 2024 que los futuros del cacao superaron los 11 400 dólares por tonelada, más del doble que un año antes. De hecho, el cacao se convirtió en la materia prima con mejor rendimiento de 2024, incluso por encima del Bitcoin, con un incremento superior al 100 % en el año, según MarketWatch.

En paralelo, el café también atraviesa una crisis estructural. La International Coffee Organization informó que en agosto de 2025 su índice compuesto (I-CIP) alcanzó los 297,05 centavos por libra, un aumento del 14,6 % respecto a julio y uno de los valores más altos en casi medio siglo. El precio global del arábica superó los 360 centavos por libra en junio de 2025, de acuerdo con FRED St. Louis.
El motivo vuelve a ser el clima: Brasil y Vietnam, principales productores, sufrieron sequías severas provocadas por El Niño, con pérdidas en floración y rendimiento. En 2024, los precios mundiales del café se encarecieron un 38,8 %, impulsados por el mal tiempo y la escasez, según la FAO.

El efecto dominó sobre la economía

El encarecimiento simultáneo de cacao y café impacta de lleno en la inflación de alimentos y, por extensión, en la política monetaria. En economías como la europea, donde el consumo de ambos productos es elevado, los índices de precios al consumo han vuelto a repuntar tras meses de estabilidad. La perspectiva del Banco Mundial sobre materias primas advertía ya en 2024 que los precios de bebidas y alimentos “siguen siendo vulnerables a shocks climáticos y financieros”.

En este contexto, la volatilidad de los mercados agrícolas se suma a la desaceleración descrita en el análisis sobre el crecimiento global 2025 y startups, lo que complica la gestión de tipos de interés y los costes de financiación de las empresas. Para los países productores, la subida de precios podría parecer beneficiosa, pero los costes de replantación, fertilizantes y seguros climáticos se han disparado, limitando las ganancias reales.

Cómo lo sufren las empresas

El impacto empresarial es profundo. En la industria del chocolate, las compañías afrontan costes sin precedentes y recurren a estrategias defensivas: reducir el tamaño de las tabletas, reformular recetas con mantecas alternativas o trasladar la subida al consumidor. Nestlé, Lindt y Mars han reconocido ajustes de precios de entre 8 y 15 % durante 2024.

Las marcas de café viven una situación similar. Los tostadores sustituyen parte del arábica por robusta para contener costes, mientras las cadenas de cafeterías renegocian contratos y márgenes. En 2025, la volatilidad de los futuros obliga a reforzar coberturas financieras y a replantear las políticas de compra a largo plazo.

Las pymes y startups agroalimentarias, por su parte, sufren mayores necesidades de capital circulante, aunque encuentran oportunidades en soluciones agritech — seguros paramétricos, sensores climáticos, plataformas de financiación — que ganan relevancia en entornos de incertidumbre. El fenómeno recuerda a lo analizado tras la reunión EE. UU.-China sobre estabilidad económica global, donde la resiliencia de la cadena de suministro se planteaba como prioridad estratégica.

Lo que paga el consumidor

En el supermercado, la crisis ya se nota. Los chocolates son más pequeños, los cafés premium más caros y la variedad de orígenes se ha reducido. En España, el índice de precios del chocolate aumentó un 19 % interanual hasta octubre de 2025, según datos del INE. La reacción del consumidor ha sido previsible: marcas blancas, cafés de mezcla y formatos familiares. El lujo cotidiano de una tableta o un espresso se ha convertido, poco a poco, en un gasto vigilado, reflejando la tendencia de refugiarse en productos básicos descrita en el artículo sobre el oro como valor refugio en 2025.

Buscando salidas sostenibles

Mientras tanto, gobiernos y empresas tratan de responder. En África occidental, los ejecutivos de Ghana y Costa de Marfil — que concentran dos tercios del cacao mundial — impulsan programas de replantación y mejora genética con apoyo de la ICCO y del Banco Mundial. En América Latina y Asia, Brasil, Colombia y Vietnam avanzan en tecnologías de riego y cultivos resistentes a la sequía.

Las multinacionales financian seguros climáticos y sistemas de trazabilidad para reducir el riesgo en la cadena de suministro. A medio plazo, la única salida pasa por diversificar orígenes, digitalizar las fincas y establecer precios mínimos sostenibles vinculados a productividad y clima. Pero el proceso será lento: la propia ICO estima que el alivio de la oferta mundial de café no llegará antes de 2027, si las condiciones meteorológicas acompañan.

Una crisis que redefine el consumo global

La tormenta del cacao y el café refleja una tendencia más amplia: el cambio climático ya no es solo un problema ambiental, sino un factor económico estructural. Lo que hoy encarece una taza o una onza de chocolate es el preludio de un mercado agrícola donde la estabilidad será un lujo. Para las empresas, adaptarse a ese escenario no es opcional; para los consumidores, entenderlo formará parte del nuevo coste del placer cotidiano.

Imagen de David Martín Lorente

David Martín Lorente

Periodista madrileño de 36 años, especializado en el análisis de la tecnología, el emprendimiento y los negocios. Con una larga trayectoria en el ámbito tecnológico, David se especializa en desgranar las tendencias de mercado, los movimientos empresariales y cómo la innovación digital y tecnológica redefine el futuro de la economía, los negocios y el mundo que nos rodea. Su objetivo principal es transformar la complejidad del ecosistema tecnológico y empresarial en información clara y útil, buscando que la audiencia comprenda este mundo en constante cambio para su crecimiento tanto personal como profesional.

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