Ensamblado en LATAM: ¿Costo real de la protección tech?

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Ensamblado en LATAM: ¿Costo real de la protección tech?

El sello «Ensamblado en Tierra del Fuego», «Fabricado na Zona Franca de Manaus» o «Hecho en [País de LATAM]» en un celular, televisor o computadora portátil ha sido durante décadas un símbolo de aspiración industrial para muchos países de América Latina. La promesa es atractiva: generación de empleo, transferencia de tecnología y desarrollo de capacidades productivas locales. Sin embargo, detrás de esta etiqueta a menudo se esconde un complejo entramado de subsidios, protecciones arancelarias y un debate persistente: ¿constituyen estos polos de ensamblaje verdaderos motores de innovación y competitividad, o son un «espejismo» costoso que pagan principalmente los consumidores y que limita el acceso a la tecnología de vanguardia? La reciente decisión de Argentina de abrir su mercado tecnológico invita a una profunda reflexión regional.

La promesa del «sello local»: ¿por qué ensamblar tecnología en la región?

La lógica detrás de fomentar el ensamblaje local de productos electrónicos en América Latina se ha basado en varios pilares, a menudo interconectados:

  • Creación de empleo: Es uno de los argumentos más esgrimidos. Se espera que las plantas de ensamblaje generen puestos de trabajo directos en la línea de producción e indirectos en servicios asociados.
  • Desarrollo regional: En muchos casos, estos polos industriales se establecen en zonas geográficas específicas que se buscan desarrollar económicamente, como el caso de Tierra del Fuego en el extremo sur de Argentina o la Zona Franca de Manaus en el corazón del Amazonas brasileño. Estos regímenes especiales suelen ir acompañados de importantes beneficios fiscales para atraer la inversión.
  • Sustitución de importaciones: Una idea heredada de modelos económicos anteriores, que busca reducir la dependencia de bienes importados y, en teoría, mejorar la balanza comercial.
  • Transferencia de tecnología y conocimiento (know-how): La esperanza es que la presencia de empresas, a menudo multinacionales, que instalan líneas de ensamblaje, derive en una absorción de tecnología y capacitación de la mano de obra local, sentando las bases para una industria más sofisticada.
  • Atracción de inversión extranjera directa (IED): Los incentivos fiscales y la protección del mercado local buscan atraer capitales externos.

Estos objetivos son loables y han justificado durante años la existencia de regímenes como el de Tierra del Fuego en Argentina, establecido en la década de 1970 con el fin de poblar y desarrollar la provincia más austral, o la Zona Franca de Manaus en Brasil, creada en 1967 para impulsar un polo industrial en la Amazonía. Ambos han sido responsables de una parte significativa de la oferta de electrónicos en sus respectivos mercados internos.

Detrás de la etiqueta: ¿cuánto valor se agrega realmente en LATAM?

Aquí es donde el «espejismo» comienza a tomar forma para los críticos de estos modelos. La realidad en muchas plantas de ensamblaje de productos tecnológicos complejos en la región es que el valor agregado local suele ser limitado. Predomina el modelo de importación de kits CKD (Completely Knocked Down – componentes completamente desarmados) o SKD (Semi-Knocked Down – componentes semi-desarmados) desde los grandes centros de producción globales, principalmente en Asia.

El proceso local se concentra entonces en:

  • Ensamblaje final: Unir las partes, atornillar componentes, conectar cables.
  • Pruebas de funcionamiento básicas.
  • Instalación de software (a veces).
  • Empaquetado y distribución.

Este tipo de operaciones, a menudo calificadas peyorativamente como «plantas destornillador» («screwdriver plants»), generan empleo, sí, pero la transferencia de tecnología profunda y el desarrollo de capacidades de Investigación y Desarrollo (I+D) suelen ser escasos. Es raro que estos polos impulsen la creación de una densa red de proveedores locales de componentes de alta tecnología (como microprocesadores, pantallas avanzadas o memorias especializadas). La dependencia de los kits importados sigue siendo altísima.

Un diagnóstico del Régimen de Tierra del Fuego realizado por la consultora Fundar en Argentina, por ejemplo, ha señalado históricamente los desafíos en términos de competitividad genuina y el alto costo fiscal, aunque también reconoce su impacto en el crecimiento poblacional y la actividad económica de la isla.

El precio del proteccionismo: ¿quién paga la factura del «ensamblado local»?

Para que estas industrias de ensamblaje puedan sobrevivir en un mercado global altamente competitivo, donde los gigantes asiáticos producen a escalas masivas y costos muy bajos, los gobiernos latinoamericanos suelen recurrir a dos herramientas principales:

  1. Altos aranceles y barreras paraarancelarias a la importación de productos electrónicos terminados que compiten con los ensamblados localmente.
  2. Exenciones fiscales, subsidios y otros incentivos para las empresas que se instalan y ensamblan dentro del régimen promocional.

La consecuencia directa de este esquema es que los consumidores terminan pagando precios significativamente más altos por los productos tecnológicos ensamblados localmente en comparación con lo que pagarían en un mercado abierto. El «costo argentino», el «costo Brasil» o el «costo [país LATAM]» en tecnología se vuelve una queja recurrente. Esta diferencia de precios no solo afecta el poder adquisitivo, sino que también puede:

  • Limitar el acceso a la tecnología para los sectores de menores ingresos.
  • Retrasar la adopción de nuevas tecnologías en el país.
  • Fomentar el contrabando y los mercados grises, como bien lo ilustra el fenómeno del «tech-turismo».
  • Generar ineficiencias en las industrias protegidas, que pueden tener menos incentivos para innovar o reducir costos al estar resguardadas de la competencia internacional directa. Un análisis de Focus Economics sobre el proteccionismo en general apunta a estos riesgos.

La reciente decisión de Argentina de reducir drásticamente aranceles e impuestos internos a la tecnología importada es un reconocimiento implícito de que el modelo anterior, centrado en la protección de Tierra del Fuego, había llegado a un punto donde el costo para el consumidor y para la competitividad general del país se consideraba demasiado alto.

Casos de estudio en la región: luces y sombras del modelo ensamblador

  • Tierra del Fuego (Argentina): Ha sido el epicentro del ensamblaje electrónico argentino. Si bien logró poblar la isla y generar miles de empleos industriales, el costo fiscal de los subsidios y exenciones ha sido multimillonario. Los productos «fueguinos» han sido consistentemente más caros que sus equivalentes importados en mercados abiertos, y la dependencia de los kits asiáticos nunca se superó. La actual apertura del mercado pone en jaque la viabilidad futura del régimen tal como se lo conocía.
  • Zona Franca de Manaus (Brasil): Este polo ha sido fundamental para el desarrollo económico del estado de Amazonas y es un importante centro de ensamblaje de electrónicos (celulares, televisores, aires acondicionados, motocicletas), audio y video. Genera un volumen considerable de empleo y, según defensores como la SUFRAMA (Superintendencia de la Zona Franca de Manaus), contribuye a la preservación ambiental al concentrar la actividad industrial. Sin embargo, también enfrenta críticas por su costo fiscal, su eficiencia y el debate sobre si los beneficios compensan el encarecimiento de los productos para el consumidor brasileño a nivel nacional.

Encontrar ejemplos en LATAM donde un modelo de ensamblaje protegido haya evolucionado hacia una industria tecnológica local verdaderamente innovadora y exportadora a nivel global en productos de alta complejidad es difícil. Los desafíos de escala, inversión en I+D y competencia global son inmensos.

Del destornillador a la neurona: ¿un nuevo chip para la industria tech de LATAM?

El debate sobre el modelo de «ensamblado en LATAM» no es nuevo, pero la movida argentina lo revitaliza. ¿Es este modelo un callejón sin salida o puede ser un primer peldaño hacia algo más sofisticado? Muchos analistas y organismos como la CEPAL sugieren que, si bien el ensamblaje puede tener un rol táctico en ciertas etapas o para ciertos productos, América Latina necesita mirar más allá para lograr una inserción inteligente y competitiva en la economía digital global.

Esto implica:

  • Invertir masivamente en educación y capital humano: Formar ingenieros, programadores, científicos de datos y técnicos altamente cualificados.
  • Fomentar la Investigación y Desarrollo (I+D) local: Crear incentivos efectivos para que las empresas (locales y multinacionales) inviertan en innovación dentro de la región.
  • Apoyar el ecosistema emprendedor y de software: Donde LATAM ha mostrado mayor potencial de crecimiento y generación de valor con propiedad intelectual local.
  • Buscar nichos de especialización: En lugar de intentar competir en el ensamblaje masivo de commodities electrónicos, identificar áreas donde la región pueda desarrollar ventajas competitivas (agrotech, fintech, energías renovables, software para industrias específicas).
  • Integración inteligente a cadenas globales de valor: No solo como ensambladores de bajo costo, sino aportando diseño, servicios, software o componentes de mayor valor agregado.

La transición del «destornillador» a la «neurona» –es decir, de un modelo basado en el ensamblaje simple a uno centrado en el conocimiento y la innovación– es el gran desafío. La protección puede ofrecer un respiro temporal, pero raramente ha sido la cuna de la competitividad a largo plazo en sectores tan dinámicos como la tecnología. Quizás el «espejismo» del ensamblaje esté dando paso a una búsqueda de estrategias más realistas y sostenibles para el desarrollo tecnológico de América Latina.

Fuentes:

Imagen de David Martín Lorente

David Martín Lorente

Periodista madrileño de 36 años, especializado en el análisis de la tecnología, el emprendimiento y los negocios. Con una larga trayectoria en el ámbito tecnológico, David se especializa en desgranar las tendencias de mercado, los movimientos empresariales y cómo la innovación digital y tecnológica redefine el futuro de la economía, los negocios y el mundo que nos rodea. Su objetivo principal es transformar la complejidad del ecosistema tecnológico y empresarial en información clara y útil, buscando que la audiencia comprenda este mundo en constante cambio para su crecimiento tanto personal como profesional.

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