Bienvenido a la tercera entrega de nuestra introducción en el apasionante mundo de las criptomonedas a través de la más popular de todas: el bitcoin. Si en artículos anteriores ofrecimos una introducción y un análisis de la tecnología blockchain , esta vez nos vamos a centrar en otros dos aspectos clave de la criptomoneda: qué es la minería y cuales son los mayores problemas de seguridad y confianza.
Minería
Lo que afianza la red de usuarios de bitcoin que se intercambian la criptomoneda es una red de mineros, que registran esas transacciones en la blockchain. Este proceso es trivial para un ordenador moderno, pero la minería de criptomonedas es difícil porque el software de bitcoin hace que requiera de mucho tiempo. Sin esa dificultad, la gente podría imitar transacciones para enriquecerse o para quitarle el dinero a otros. Podrían registrar una transacción fraudulenta en la blockchain y añadir otras muchas transacciones triviales para que desenredar el fraude fuera prácticamente imposible. También se podría añadir transacciones fraudulentas en bloques anteriores, así que la red de Bitcoin acabaría por no tener valor alguno.
Combinar la dificultad con otras técnicas criptográficas fue uno de los hallazgos de Nakamoto, la persona u organización que creó el software. El software de Bitcoin ajusta la dificultad a la que se enfrentan los mineros para limitar la red a un bloque con 1 megabite de transacciones cada diez minutos. De ese modo, el volumen de transacciones es digerible. La red tiene tiempo para revisar el nuevo bloque y el registro que lo precede y cada uno puede llegar al consenso sobre el status quo.
Si te preguntas por qué los mineros realizan este trabajo, no es por amor por el bitcoin, o no solamente. Son compensados económica por su trabajo.
Confianza y seguridad
Bitcoin es muy resistente a la manipulación a pesar de ser público. El bitcoin no es una entidad física, no se puede guardar debajo del colchón o en un baúl de una isla desierta.
Para prevenir el fraude, no obstante, es preciso un sistema de protección. En las monedas tradicionales de curso legal, el árbitro que controla y registra las transacciones suele ser un banco. En el caso del bitcoin, en cambio, no hay una entidad financiera que tenga el control: todo el mundo vigila a todo el mundo. El bitcoin es una red descentralizada.
No es preciso confiar en alguien en concreto para que el sistema funcione correctamente. Los protocolos criptográficos se aseguran de que cada nuevo bloque de transacciones es añadido junto al anterior gracias a una larga, inmutable y transparente cadena.