China acelera la compra de oro: estrategia de poder o señal de desconfianza global

Fotografía realista de la Gran Muralla china construida con lingotes de oro bajo un cielo nublado, en un paisaje montañoso.

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China acelera la compra de oro: estrategia de poder o señal de desconfianza global

China lleva más de un año incrementando de forma sostenida sus reservas de oro. El movimiento, que ya supera las 2.200 toneladas oficiales según el World Gold Council, refleja una estrategia económica de fondo: reforzar su posición financiera, reducir la dependencia del dólar y preparar el terreno para un nuevo equilibrio monetario global. Aunque Pekín no ha declarado la intención de respaldar el yuan con oro, la magnitud de sus compras apunta a un objetivo más profundo: blindar su economía ante posibles turbulencias y ganar influencia en el sistema financiero internacional.

Oro como pilar de estabilidad

El Banco Popular de China (PBoC) informó en septiembre de 2025 que sumó otras 1,2 toneladas de oro a sus reservas, alcanzando once meses consecutivos de compras. En total, el país acumula ya 2.298 toneladas oficiales, aunque algunos analistas estiman que las cifras reales podrían duplicarse si se incluyen las reservas no declaradas. Los datos del World Gold Council muestran además que China es responsable de más del 25 % del incremento global de las reservas de los bancos centrales en el último año.

El contexto ayuda a entender la magnitud de esta estrategia. Mientras la economía china encara un crecimiento más débil, una crisis inmobiliaria persistente y tensiones comerciales con Occidente, el oro se convierte en un instrumento de estabilidad y prestigio internacional. Al igual que hizo durante la pandemia, Pekín busca asegurar una red de seguridad ante posibles restricciones financieras o sanciones. Su política exterior más asertiva —y la creciente rivalidad con Estados Unidos— explican también la necesidad de diversificar sus activos.

Una desdolarización en marcha

El movimiento de China se enmarca en una tendencia más amplia de los países emergentes, especialmente del bloque BRICS, que incluye a Rusia, India, Brasil y Sudáfrica. Este grupo ha defendido abiertamente la idea de un sistema financiero menos dependiente del dólar, y el oro se ha convertido en el activo más neutral y aceptado para ese propósito. Según Bloomberg, los BRICS acumulan ya más de 6.000 toneladas de oro, lo que supone una quinta parte de las reservas mundiales de los bancos centrales.

El refuerzo de las reservas de oro coincide además con la progresiva reducción de la exposición china a los bonos del Tesoro estadounidense, que ha pasado de más de 1,3 billones de dólares en 2013 a menos de 775.000 millones en 2024. Al mismo tiempo, Pekín impulsa el uso del yuan en el comercio internacional y promueve su versión digital (e-CNY) como alternativa de pago entre socios comerciales. Ese avance del yuan digital se relaciona directamente con la búsqueda de un sistema más autónomo frente al dólar, una dinámica que recuerda a la que ya se observa en otros frentes financieros, como la expansión de los pagos digitales analizada en Visa y Mastercard se lanzan a por las criptomonedas.

Un patrón distinto al oro clásico

China no pretende instaurar un nuevo patrón oro. Tal decisión limitaría su política monetaria y chocaría con su modelo de control financiero. En su lugar, Pekín parece buscar un respaldo psicológico y estratégico: que el yuan sea percibido como una divisa sólida, sustentada en activos tangibles. Este enfoque indirecto permite fortalecer la confianza internacional en su moneda sin renunciar a la flexibilidad económica.

La acumulación de oro cumple, además, una función diplomática. En el entorno de los BRICS y otras alianzas energéticas, como la Organización de Cooperación de Shanghái, la estabilidad del oro facilita acuerdos comerciales y financieros al margen de los sistemas tradicionales dominados por Occidente. En la práctica, el metal precioso funciona como lenguaje común entre países que desconfían del dólar como activo de referencia.

El papel del dólar y las tensiones globales

Estados Unidos sigue siendo el principal poseedor de oro del mundo, con más de 8.100 toneladas, pero su posición dominante se asienta sobre el poder del dólar, no sobre sus reservas metálicas. En cambio, el sistema financiero chino busca apoyarse en activos físicos como garantía de solvencia, lo que le otorga una narrativa de seguridad frente a posibles crisis de deuda o inflación.

Esa visión choca con la arquitectura económica internacional. Según el Fondo Monetario Internacional, más del 58 % de las reservas mundiales de divisas siguen denominadas en dólares, aunque la tendencia descendente se mantiene desde 2020. Si China continúa con su ritmo de acumulación, podría acelerar un proceso de multipolaridad financiera en el que el oro y el yuan adquieran un papel creciente en el comercio internacional.

El impacto de esa transición no es menor. La diversificación de reservas y la desdolarización progresiva contribuyen a un reajuste de precios en materias primas y divisas. De hecho, la evolución del oro coincide con un escenario de descenso generalizado de precios de materias primas, tal como expone el Banco Mundial en su informe de 2025. Menores precios en energía y alimentos han reducido la presión inflacionaria, pero también han evidenciado la vulnerabilidad de las economías que dependen de las exportaciones de recursos. Para China, acumular oro es también una manera de compensar ese desequilibrio.

Implicaciones económicas

El fortalecimiento del oro como activo de reserva tiene tres efectos directos sobre la economía global. Primero, presiona el estatus del dólar como divisa dominante, ya que reduce la demanda de activos estadounidenses y refuerza la idea de un sistema más fragmentado. Segundo, incrementa la volatilidad de los mercados de metales, pues las compras masivas de los bancos centrales limitan la oferta y alteran los precios a corto plazo. Y tercero, genera incertidumbre sobre la gobernanza financiera internacional, al poner en cuestión los mecanismos de supervisión y coordinación global.

En paralelo, este movimiento favorece la creación de redes comerciales en monedas locales, tendencia que ya se observa entre China y varios países de Asia, África y Oriente Medio. La consolidación de esos acuerdos —sumada al auge del oro como activo refugio— podría derivar en un sistema de pagos más regionalizado, menos dependiente del dólar y con mayor protagonismo del yuan.

Una estrategia silenciosa pero calculada

Pekín mantiene una actitud deliberadamente discreta respecto a sus compras. A diferencia de los anuncios de política monetaria o comercial, las adquisiciones de oro se comunican con retraso y sin grandes titulares. Esa opacidad refuerza la incertidumbre sobre la magnitud real de sus reservas, pero también evita provocar tensiones en los mercados. Según Bloomberg, cada tonelada adicional comprada por China tiene un impacto directo en los precios globales del oro, que en 2025 han superado los 2.400 dólares por onza en determinados momentos del año.

Esa estrategia pausada pero constante encaja con el planteamiento general de su política económica: consolidar poder sin desafiar abiertamente a las estructuras existentes. En este sentido, la compra de oro no busca sustituir al dólar de manera inmediata, sino acumular poder financiero suficiente para resistir un eventual choque global, ya sea comercial, tecnológico o monetario. La dinámica observada tras la reciente reunión entre Estados Unidos y China apunta precisamente en esa dirección.

Un nuevo equilibrio global

El oro vuelve así al centro del tablero financiero. No como patrón fijo, sino como símbolo de confianza y de autonomía económica. China no está sola en este movimiento: varios países del Golfo y América Latina también han aumentado sus reservas, lo que sugiere que el cambio de paradigma podría ser más amplio de lo que parece.

En el mejor de los casos, la acumulación de oro puede conducir a una transición ordenada hacia un sistema más equilibrado, donde varias monedas —dólar, euro, yuan— coexistan en un escenario multipolar. En el peor, puede acelerar la fragmentación del comercio internacional y generar episodios de volatilidad prolongada.

En cualquier caso, China parece haber entendido que el oro, más allá de su valor financiero, se ha convertido en una herramienta de poder silencioso. Y ese poder, medido en toneladas, será clave para definir la estabilidad —o la incertidumbre— de la próxima década.

Imagen de David Martín Lorente

David Martín Lorente

Periodista madrileño de 36 años, especializado en el análisis de la tecnología, el emprendimiento y los negocios. Con una larga trayectoria en el ámbito tecnológico, David se especializa en desgranar las tendencias de mercado, los movimientos empresariales y cómo la innovación digital y tecnológica redefine el futuro de la economía, los negocios y el mundo que nos rodea. Su objetivo principal es transformar la complejidad del ecosistema tecnológico y empresarial en información clara y útil, buscando que la audiencia comprenda este mundo en constante cambio para su crecimiento tanto personal como profesional.

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