Entre otras desventajas, la pandemia de Covid-19 ha provocado una pérdida de la capacidad de concentración asociada con el estrés de los confinamientos. Es lo que la ciencia ha denominado “cerebro pandémico”. Por eso hemos pensado que sería interesante ofrecer una serie de consejos para ayudarte a que mantengas la concentración en el trabajo.
Divide las tareas que te llevan mucho tiempo
En lugar de enfrentarte a una tarea enorme, pártela en pequeñas tareas que sean más fáciles de asumir y que puedas completar en menos de un día. De ese modo, te sentirás más satisfecho cada vez que una parte de esa tarea esté terminada. Además, te ayudará a entender mejor qué necesitas hacer.
Establece fechas de entrega
Hay empleados que trabajan mejor bajo presión. Eso es porque se acerca una fecha de entrega y no les queda más remedio que ser eficaces para llegar a tiempo. En cambio, si no tienes presión alguna para terminar una tarea, es muy probable que acabes procrastinando. Por eso puede ser muy aconsejable marcarte tú mismo un plazo para cada una de las tareas que te han sido asignadas. Eso crea una sensación de urgencia, lo que facilita la concentración. Además, tiene una ventaja extra: si eres perfeccionista, no te eternizarás en pequeños detalles.
Bloquea las páginas webs con las que te sueles distraer
Es un paso sencillo y enormemente eficaz. Como solemos trabajar con ordenadores conectados a internet, tenemos la tentación constante de entrar en las páginas web que más nos gustan y, una vez allí, no solo hemos perdido el hilo, sino que empiezan a correr los minutos. Como seguramente no puedas apagar internet, puedes sencillamente bloquear las webs que más te tientan.
Consultar el correo cada tres horas.
Apagar las notificaciones para no distraerte es una muy buena idea, siempre y cuando no termines consultando tu correo cada cinco minutos por si acaso ha llegado un e-mail importante. Pues bien, lo más saludable en este caso es consultar el correo menos veces al día. Puedes marcarte como objetivo abrirlo solo cada tres o cuatro horas. Por ejemplo, nada más llegar al trabajo por la mañana, antes de la pausa para comer y poco antes de terminar tu jornada. Al principio es duro, pero luego uno se acostumbra.