Jane Wakefield, periodista especializada en tecnología que escribe regularmente en la web de la BBC, publicó el 11 de julio del 2021 un artículo que nos pareció particularmente interesante y que dice mucho acerca del problema de la comercialización de nuestros datos.
Por lo visto, todo empezó cuando recibió una idea para un artículo, cosa que le ocurre habitualmente puesto que es una periodista de perfil alto. La particularidad en este caso fue que la idea llegó a través de mensajes de WhatsApp por parte de una persona que no conocía y que, por tanto, tenía pocas posibilidades de saber su número de teléfono. La periodista le preguntó cómo lo había obtenido y la desconocida le respondió que lo había comprado de una compañía llamada RocketReach.
Jane Wakefield acudió entonces a la web de la empresa y vio que ofrecían el mail o el número de teléfono de cualquier profesional, previo pago, naturalmente. “Esa fue la primera vez que oí hablar del que resulta ser un mundo opaco y lucrativo de venta de contactos”, asegura la periodista.
Wakefield contacto entonces, a través de LinkedIn, con el director ejecutivo de RocketReach, Scott Kim, que accedió inmediatamente a borrar sus datos personajes. Sin embargo, averiguar cómo los habían conseguido fue casi una misión imposible: “al principio, me dijeron que era imposible rastrear la fuente, porque mi número de teléfono había sido borrado”.
Robert Romain, del grupo Noyb, dedicado a defender la privacidad, invitó a la periodista a no contentarse con esa respuesta, así que contactó de nuevo con Scott Kim para avisarle de que pensaba escribir un artículo al respecto. Recibió entonces una respuesta “no apta para publicación” en la que le explicaban que seguramente habían obtenido su número a través de Twitter, con un servicio llamado Pipl.
Matthew Hertz, director ejecutivo de Pipl, le respondió sucintamente: “la fuente de los datos parece ser Sync.me». Esta última compañía también contestó: “hemos comprobado nuestros registros y sus detalles no aparecen en nuestro servicio. Puede que en el pasado hayamos identificado por error su número con el de un negocio. Sin embargo, desde que pusimos en práctica el Reglamento General de Protección de Datos, eliminamos esos números de nuestro servicio”. Como bien dice la periodista, “misterio resuelto”. Otra cosa es que esas prácticas no parezcan del todo lícitas o sean, al menos, moralmente discutibles.