Con la llegada de una nueva administración a la Casa Blanca y la lucha antimonopolio del Congreso, cada vez son más las fuentes que apuntan al posible final de la dominación absoluta del gigante Amazon en el sector del comercio digital.
Son muchos los aspectos que se pueden analizar sobre esta plausible decisión, entre ellos cuales serán sus mayores repercusiones, cómo cambiaría el paisaje del comercio digital y de qué modo puede ser beneficioso para las pequeñas y medianas empresas. Sin embargo, esta vez vamos a centrarnos en por qué los legisladores estadounidenses querrían fragmentar Amazon.
El porqué de la posible fragmentación
El modelo de Amazon es único: es al mismo tiempo una compañía de venta al público, un mercado de terceros y una compañía logística. En esa característica reside el problema y el porqué de la lucha antimonopolio. Los legisladores quieren saber si Amazon está inclinando el mercado a su favor y creando condiciones de desigualdad para el resto de vendedores. La evidencia de la que disponen parece indicar que sí.
El primer punto de la investigación del Congreso se centra en la explotación de los datos que Amazon recopila de los vendedores. El año pasado, el Wall Street Journal publicó un artículo en el que aseguró que Amazon empleó datos de esos vendedores para desarrollar productos competidores con su propia marca: con los ‘sneakers’ de la marca Allbirds como ejemplo paradigmático.
Amazon usa también esos datos para asegurarse de que sus marcas están siempre en un lugar privilegiado, al etiquetarlas como ‘super ventas’. Por ejemplo, si un consumidor busca papel higiénico, le saldría como primer resultado el fabricado por Amazon, por encima de otras marcas que no pagan por aparecer en los listados.
El caso es que estas prácticas anticompetitivas son solo la punta del iceberg. También está siendo investigado el ‘Buy Box’, una funcionalidad que permite a los compradores adquirir un producto sin considerar si compran a Amazon o a otro vendedor. Esta puede parecer una cuestión inocua, pero las reglas de la compañía cambian radicalmente en función de si cuentan o no con marca propia para esos productos.
Si no es así, sus algoritmos situarán en primer lugar a los vendedores que cuenten con mejores métricas y precios más bajos. En cambio, si Amazon vende su propio producto, ajusta el algoritmo para recibir tratamiento preferencial en el ‘Buy Box’, de modo que se lleva el 100% de las ventas.