Los retos para las empresas del modelo híbrido de trabajo

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Cada vez más empresas han adoptado un modelo híbrido de trabajo, modelos que van desde unos días semanales obligatorios en la oficina hasta un sistema más flexible en el que es el empleado quién decide donde prefiere trabajar en cada momento. Este modelo híbrido plantea notables retos para las empresas que lo adoptan, por mucho que, según un reciente estudio realizado en Estados Unidos, alrededor de un 70% de firmas, grandes y medianas, planean pedir a sus empleados que acudan a la oficina regularmente.


Es más, McKinsey & Company realizó una encuesta entre ejecutivos y nueve de cada diez revelaron que sus empresas planeaban combinar el teletrabajo con la oficina. Sin embargo, el 68% de las empresas no habían detallado aún planes sobre cómo pensaban realizarlo.


Es justamente esa falta de planificación la que favorece los problemas, con empleados clave que no están contentos, mentalmente agotados, que deciden irse. Sin embargo, el modelo híbrido más flexible, en el que los trabajadores deciden cuando quieren ir a la oficina, ha provocado otro tipo de fenómeno: la aparición de grupos más o menos exclusivos.


Cierto que la formación de grupitos o piñas ocurría ya antes, como recuerda la psicóloga y asesora de Timewise Amy Butterworth: “las tribus de trabajo no son algo nuevo. Tendemos a gravitar alrededor de quienes tienen similares experiencias y vidas que nosotros”. Sin embargo, ese fenómeno puede amplificarse cuando los empleados eligen los días de oficina para coincidir con quienes mejor se llevan, hasta el punto de que no verán a algunos colegas durante meses.


Esas ‘peñas laborales’ pueden derivar en pensamiento de grupo y en pérdida de creatividad, advierte Butterworth, y en diferencias cada vez más acusadas entre los empleados que acuden a la oficina y los que trabajan desde casa, cosa que afecta a la inclusión y la diversidad, especialmente entre introvertidos, personas con problemas de salud o, sencillamente, entre quienes prefieran trabajar desde su hogar. “Es esencial que a sus opiniones se les dé la misma importancia”, recuerda Butterworth.


El otro gran riesgo de la creación de grupos es la proliferación de “empresas con dos velocidades”. Lo explica Nicola Millard, socio de BT, que considera un peligro que los empleados no colaboren: “sabemos que dos tribus pueden ir muy fácilmente a la guerra”. Según Millard, la tribu de oficina suele entrar en acción en un periodo de tiempo fijo, por ejemplo de nueve de la mañana a cinco de la tarde, tiene que superar más fricciones -el transporte a la oficina, por ejemplo- y crea relaciones cara a cara. La tribu de teletrabajo, en cambio, tiene un horario más impreciso, se toma más pausas y no padece tantas fricciones, pero los lazos sociales son más débiles porque la mayoría se forman en línea.

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