El narco como impuesto invisible: cuando la inseguridad frena el crecimiento

Camión de carga detenido en un control en carretera como ejemplo del coste económico de la inseguridad en Latinoamérica

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El narco como impuesto invisible: cuando la inseguridad frena el crecimiento

La inseguridad no solo mata: también encarece, retrasa y ahuyenta. En economías como México y Colombia, el narco y las redes criminales funcionan como un “impuesto invisible” que se paga en forma de menos inversión, menos turismo, más costes logísticos y más gasto en protección. Y lo relevante para empresas y emprendedores no es una utopía de “cero crimen”, sino algo más realista: que la violencia baje lo suficiente como para que el capital vuelva a calcular el riesgo como “asumible”.

El “impuesto invisible”: lo que sube cuando el Estado no controla del todo

Cuando una empresa opera en un entorno inseguro, aparecen costes que no figuran como impuestos oficiales, pero se comportan igual:

  • Seguridad privada, blindaje de instalaciones, protocolos y seguros más caros.
  • Extorsión y pagos informales que distorsionan márgenes.
  • Riesgo operativo: cierres tempranos, rutas que se evitan, turnos que se recortan.
  • Rotación de talento: profesionales que no quieren mudarse o quedarse.

Este “impuesto” castiga sobre todo a las pymes: no porque sufran menos escala, sino porque tienen menos capacidad de absorber incertidumbre y de negociar riesgos (seguros, transporte, seguridad, financiación).

Coste en inversión: el riesgo país también se fabrica en la calle

Los mercados no solo miran inflación y tipos. Miran previsibilidad. Cuando la violencia sube, el capital exige más retorno, o directamente se va. El resultado es doble: menos proyectos nuevos y menos reinversión de los que ya están.

Hay dos palancas claras:

  • Financiación más cara: más prima de riesgo, más garantías, menos crédito a largo plazo.
  • Menos proyectos intensivos en capital: fábricas, logística, turismo de alto valor, franquicias grandes.

Desde la óptica empresarial, la seguridad no es un asunto “policial”: es un determinante de productividad. Cuando el entorno obliga a operar con fricciones (rutas alternativas, escoltas, inventarios más altos “por si acaso”), el país produce menos de lo que podría.

Turismo: una industria que responde al miedo con velocidad

En turismo, la percepción manda. No hace falta que el problema sea masivo: basta con que sea visible. Cuando una ciudad se asocia a inseguridad, cae el gasto nocturno, se reduce la estancia media y se encarece la operación (hoteles, transporte, excursiones, restauración).

El efecto suele ser inmediato: horarios que se adelantan, zonas que se “apagan” y consumo que se desplaza. En la práctica, es una pérdida de PIB que no llega como un shock único, sino como goteo constante.

Logística: cuando mover mercancía cuesta más que fabricarla

Para México y Colombia, donde la logística es clave (exportación, nearshoring, cadenas de suministro), la inseguridad añade un peaje silencioso:

  • Rutas más largas para evitar zonas críticas.
  • Más inventario para cubrir retrasos e interrupciones.
  • Pérdidas y robos que se trasladan al precio final.
  • Extorsión en puntos de paso, que convierte un trayecto en una negociación.

Cuando este coste sube, el país se vuelve menos competitivo frente a alternativas regionales. Y eso afecta directamente a inversión industrial, centros de distribución y comercio.

¿Qué cambia cuando la violencia baja (aunque no desaparezca)?

La clave es esta: no hace falta eliminar el crimen para reactivar el crecimiento. Hace falta reducirlo y contenerlo lo suficiente como para que empresas e inversores puedan planificar.

Cuando el “impuesto invisible” baja, aparecen tres efectos económicos típicos:

  • Vuelve el capital paciente: proyectos de 5–10 años, no solo apuestas cortas.
  • Sube la productividad: menos fricción operativa, menos interrupciones.
  • Se recupera el consumo: especialmente en economía urbana (ocio, restauración, retail).

En otras palabras: “control” no significa perfección. Significa que el país empieza a parecer invertible.

Colombia y México como variables económicas (no ideológicas)

Colombia y México no entran aquí por su debate político, sino por algo más frío: son piezas logísticas y productivas del continente. Si en cualquiera de los dos baja la inseguridad de forma sostenida, el impacto se nota en:

  • Nearshoring y relocalización industrial.
  • Exportaciones y cadenas regionales de valor.
  • Turismo y servicios de alto margen.
  • Mercados financieros (coste de capital y estabilidad).

Por eso, para negocio e inversión, la seguridad es un input macro. No es “una noticia de sucesos”.

En el caso de México, esta lectura encaja con su ambición de consolidarse como polo de inversión y emprendimiento, pero con una condición: que el coste de operar no se lo coma la inseguridad.

México como polo de emprendimiento global: qué puede acelerar (y qué puede frenar) ese salto.

Un dato incómodo: la violencia también es presupuesto

La inseguridad no solo cuesta a empresas: cuesta al Estado. Y cuando el Estado paga más por crimen (policía, justicia, cárceles, salud, pérdida de actividad), tiene menos margen para educación, infraestructuras o innovación. Es una trampa: menos crecimiento implica menos recursos para salir del problema.

Lo que deberían vigilar empresas e inversores en 2026

  • Indicadores de contención: no “cero crimen”, sino tendencia a la baja y capacidad de respuesta.
  • Protección de rutas: corredores logísticos con estabilidad medible.
  • Señales de inversión real: proyectos industriales, hoteleros y logísticos que no se anuncian, se ejecutan.
  • Confianza del consumidor urbano: actividad nocturna, apertura comercial, gasto local.

En términos económicos, el mensaje es simple: capital odia el caos. Si el “impuesto invisible” baja, la reactivación no es magia: es matemática.

FAQs

¿Por qué se dice que el narco funciona como un “impuesto invisible”?

Porque genera costes recurrentes (seguridad, extorsión, seguros, interrupciones) que reducen márgenes y encarecen operar, igual que un impuesto, pero sin pasar por el sistema fiscal.

¿Cómo afecta la inseguridad a la inversión extranjera directa?

Sube el coste de capital y reduce la previsibilidad. Eso frena proyectos intensivos en inversión (industria, logística, turismo) y empuja al capital a exigir más rentabilidad o a buscar otros destinos.

¿Qué sectores suelen sufrir más por la inseguridad?

Logística, retail, turismo, restauración, construcción y cualquier negocio con operación física y cashflow diario. También la industria cuando hay robo de mercancía y extorsión en rutas.

¿Basta con reducir la violencia para que vuelva el crecimiento?

No garantiza crecimiento automático, pero sí cambia la ecuación: baja fricción operativa, mejora confianza y permite planificación. Para el capital, “control” suele ser suficiente para reabrir decisiones de inversión.

¿Qué indicadores deberían vigilar empresas y emprendedores?

Tendencias de violencia, estabilidad de corredores logísticos, ejecución de proyectos reales (no solo anuncios) y señales de normalización del consumo urbano (horarios, actividad comercial, turismo).

Imagen de David Martín Lorente

David Martín Lorente

Periodista madrileño de 36 años, especializado en el análisis de la tecnología, el emprendimiento y los negocios. Con una larga trayectoria en el ámbito tecnológico, David se especializa en desgranar las tendencias de mercado, los movimientos empresariales y cómo la innovación digital y tecnológica redefine el futuro de la economía, los negocios y el mundo que nos rodea. Su objetivo principal es transformar la complejidad del ecosistema tecnológico y empresarial en información clara y útil, buscando que la audiencia comprenda este mundo en constante cambio para su crecimiento tanto personal como profesional.

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