Roblox y los restos del metaverso

Casco de realidad virtual cubierto de polvo sobre una mesa, con una pantalla al fondo mostrando el juego Roblox.

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Roblox y los restos del metaverso

Durante los años de confinamiento, el metaverso se presentó como la próxima gran frontera digital. Prometía mundos virtuales donde trabajar, comprar o socializar con avatares tridimensionales y economías propias. Meta, Microsoft o Nvidia invirtieron miles de millones para liderar una revolución que parecía inevitable. Sin embargo, tres años después, aquel sueño se ha reducido a proyectos residuales. Entre ellos, Roblox se mantiene como el único caso de éxito real, mientras la atención global se ha desplazado hacia la inteligencia artificial.

El auge de una idea desbordada

Entre 2020 y 2022, la pandemia y los confinamientos impulsaron el interés por los entornos digitales. Las grandes tecnológicas vieron una oportunidad para redefinir la forma de interactuar y generar nuevas economías. Meta cambió incluso el nombre de Facebook, Microsoft apostó por entornos colaborativos y Epic Games o Nvidia hablaron de construir universos compartidos.

Como ya se analizó en Emprender y Más en “El metaverso: la próxima frontera digital”, la promesa de un nuevo espacio económico y social parecía imparable en plena pandemia. Las inversiones se multiplicaron y las marcas comenzaron a abrir sus propias tiendas y oficinas virtuales. Sin embargo, la realidad fue muy distinta. Las experiencias resultaron confusas, el hardware caro y la interoperabilidad inexistente.

Un informe de Anadolu Agency estima que el interés global por el metaverso cayó más de un 60 % entre 2022 y 2024, con un descenso paralelo en las búsquedas de Google y la cobertura mediática. En Emprender y Más también se destacó cómo las grandes corporaciones reorientaron sus presupuestos tecnológicos hacia la IA tras comprobar las limitaciones de estos mundos virtuales. La promesa de un nuevo internet 3D se desvaneció antes de materializarse.

El colapso del gran experimento digital

El metaverso se hundió por una combinación de factores. Primero, la falta de utilidad práctica: pocos usuarios encontraban razones para pasar tiempo en esos entornos más allá de la curiosidad inicial. Segundo, la barrera de entrada tecnológica: las gafas de realidad virtual seguían siendo caras e incómodas. Y tercero, la ausencia de interoperabilidad, que impidió conectar plataformas.

Los informes financieros de 2024 muestran que Meta redujo drásticamente su gasto en realidad virtual tras pérdidas multimillonarias. Bloomberg describió esa etapa como “el fin del gasto sin control heredado del metaverso”, al constatar que las divisiones de realidad virtual apenas aportaban retorno económico.

En paralelo, los llamados metaversos blockchain, como Decentraland o The Sandbox, sufrieron un desplome similar. La especulación sobre terrenos digitales se hundió cuando las criptomonedas perdieron valor, y el número de usuarios activos cayó a mínimos. Los datos de Glassnode muestran que la actividad de compraventa de activos virtuales descendió más de un 80 % desde 2022.

Según el análisis de Emprender y Más sobre las barreras en la implementación de proyectos de IA en empresas, la inversión tecnológica se ha desplazado hacia herramientas de productividad, dejando atrás las plataformas de realidad virtual y los entornos experimentales.

Roblox, el superviviente inesperado

Mientras el resto del sector se replegaba, Roblox mantuvo una trayectoria ascendente. Su éxito radica en haber nacido sin vender promesas futuristas: ofrece un entorno social donde los usuarios crean, comparten y monetizan sus propios juegos. Es, en la práctica, un metaverso funcional, pero sin pretensiones.

Según datos de Backlinko, la plataforma alcanzó 79,5 millones de usuarios activos diarios en el segundo trimestre de 2025, con más de 23 millones de jugadores que realizaron compras mensuales. Estas cifras la sitúan como una de las pocas comunidades digitales en expansión tras el fin del hype.

Su éxito se explica por tres factores principales:

  • Accesibilidad: funciona en móviles, ordenadores o consolas, sin hardware adicional.

  • Economía interna sólida, basada en la moneda Robux y en la remuneración a creadores.

  • Comunidad joven y creativa, que genera contenido constante y mantiene vivo el ecosistema.

En lugar de depender de promesas sobre el futuro del trabajo o la educación, Roblox ha consolidado un modelo de entretenimiento persistente. En cierto modo, representa el metaverso que sí funcionó: uno construido desde la base, no desde los PowerPoints de Silicon Valley.

Lo que queda del metaverso

Más allá de Roblox, algunos fragmentos del concepto original sobreviven. La realidad mixta sigue siendo la apuesta de empresas como Apple, con su Vision Pro, o Meta, que continúa desarrollando los visores Quest para experiencias híbridas.

En el ámbito empresarial, los llamados metaversos industriales, basados en simulaciones y gemelos digitales, sí han encontrado un uso real en sectores como la energía o la fabricación avanzada, como se explicó en “Gemelos digitales: definición, usos y futuro”.

El término “metaverso” ha sido reemplazado por otros más discretos: realidad extendida, espacios inmersivos o ecosistemas digitales persistentes. La palabra cayó en desgracia, pero muchas de sus ideas siguen en desarrollo, aunque con menos ambición y más pragmatismo.

Según el artículo sobre el estado actual de la inteligencia artificial, esta convergencia entre IA y entornos virtuales está transformando la manera en que se conciben los procesos digitales a escala global.

La IA como posible resurrección

La gran pregunta es si el avance de la inteligencia artificial puede devolver vida al metaverso. La respuesta es ambivalente. La IA permite generar mundos de forma procedural, poblarlos con avatares autónomos y ofrecer experiencias personalizadas. Eso reduce el coste de producción y aumenta la interacción.

Como ya se abordó en “La IA y el futuro del metaverso: ¿renacimiento o reinvención?”, el desarrollo de la IA abre una nueva etapa en la que los mundos digitales podrían renacer bajo una lógica más práctica y personalizada.

Plataformas de entretenimiento ya experimentan con NPCs impulsados por IA generativa, capaces de mantener conversaciones coherentes o reaccionar de forma natural al jugador. También se están aplicando algoritmos de recomendación que personalizan la experiencia dentro de los entornos 3D, aumentando la retención de usuarios.

No obstante, los desafíos estructurales permanecen: el hardware sigue siendo caro, los estándares de interoperabilidad continúan ausentes y el público mantiene una fatiga evidente ante los grandes relatos futuristas. La IA puede mejorar la experiencia, pero no eliminar la brecha entre promesa y realidad.

De hype a mutación

El metaverso no ha muerto, solo ha cambiado de forma. Su versión grandilocuente, aquella que prometía un mundo digital paralelo, ha desaparecido. Pero la idea de espacios virtuales persistentes, sociales e interactivos sobrevive en plataformas más realistas, sostenidas por comunidades activas y tecnología madura.

Roblox encarna esa transición: un proyecto sin retórica ni revolución, pero con resultados tangibles. Su éxito demuestra que el futuro digital no necesita proclamarse como tal, solo funcionar y ofrecer valor real. Y quizá esa sea la lección más duradera del metaverso: que la verdadera innovación no está en los universos prometidos, sino en los que la gente realmente utiliza.

Imagen de David Martín Lorente

David Martín Lorente

Periodista madrileño de 36 años, especializado en el análisis de la tecnología, el emprendimiento y los negocios. Con una larga trayectoria en el ámbito tecnológico, David se especializa en desgranar las tendencias de mercado, los movimientos empresariales y cómo la innovación digital y tecnológica redefine el futuro de la economía, los negocios y el mundo que nos rodea. Su objetivo principal es transformar la complejidad del ecosistema tecnológico y empresarial en información clara y útil, buscando que la audiencia comprenda este mundo en constante cambio para su crecimiento tanto personal como profesional.

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