Nokia no está muerta: así se reinventa con la IA y las redes del futuro
Durante más de una década, Nokia fue sinónimo de teléfono móvil. A comienzos de los 2000 controlaba más del 40 % del mercado global y era el orgullo tecnológico de Europa. Sin embargo, la llegada del iPhone en 2007 y la rápida expansión de Android la dejaron en una posición cada vez más frágil. La alianza con Microsoft, anunciada en 2011, no logró revertir la tendencia: los móviles Lumia recibieron buenas críticas, pero no lograron captar al gran público.
En 2014, la firma finlandesa vendió su división de móviles a Microsoft, que acabaría liquidándola apenas dos años después. Muchos dieron entonces por muerta a Nokia, pero su historia no terminó allí. La compañía simplemente abandonó el negocio de consumo para centrarse en un terreno menos visible, aunque mucho más decisivo: el de las redes, la infraestructura digital y la innovación en conectividad.
El nuevo ADN: redes, IA y nube
La Nokia actual poco tiene que ver con la que fabricaba móviles. Su transformación la ha convertido en un actor clave en el desarrollo de redes de telecomunicaciones, inteligencia artificial aplicada a la conectividad y soluciones de nube industrial.
La noticia de la semana lo deja claro: según Reuters, Nvidia invertirá 1.000 millones de dólares en Nokia para acelerar el desarrollo de AI-RAN, su plataforma de inteligencia artificial para redes de acceso por radio.
Esta tecnología permite que las redes móviles aprendan y se optimicen en tiempo real, ajustando tráfico, cobertura y consumo energético gracias a modelos de IA ejecutados en chips Nvidia. El objetivo es claro: reducir costes, anticipar fallos y mejorar la eficiencia operativa de los operadores.
El acuerdo sitúa a Nokia en una posición privilegiada frente a competidores como Ericsson, Huawei y Samsung Networks en la carrera por construir las redes inteligentes del futuro. Y marca un cambio de era: las telecomunicaciones dejan de ser simples infraestructuras para convertirse en sistemas cognitivos capaces de tomar decisiones por sí mismos.
De vender móviles a construir el esqueleto digital del mundo
Nokia no ha desaparecido, solo ha cambiado de público. Hoy opera en más de 130 países, pero sus clientes ya no son consumidores, sino operadores de telecomunicaciones, gobiernos y grandes corporaciones.
A través de sus divisiones Network Infrastructure, Mobile Networks y Cloud and Network Services, la compañía factura más de 24.000 millones de euros anuales y emplea a unas 86.000 personas.
Su tecnología está presente en una parte importante de las redes 5G de Europa, India y Norteamérica, y colabora con operadores como AT&T, T-Mobile, Deutsche Telekom, Orange y Telefónica. Además, lidera el proyecto europeo Hexa-X II, que definirá los estándares de la próxima generación de conectividad, el 6G, consolidando su papel como proveedor esencial de infraestructuras globales.
Nvidia y el futuro de las redes inteligentes
La alianza con Nvidia no es un simple acuerdo comercial, sino una declaración de intenciones. En un momento en el que la inteligencia artificial se integra en todos los niveles de la economía digital, las redes se convierten en el siguiente gran campo de innovación.
Nokia aporta su conocimiento en telecomunicaciones y gestión de tráfico de red, mientras que Nvidia ofrece su capacidad de cómputo y su ecosistema de software, incluido NIM (Nvidia Inference Microservices), una plataforma que facilita el despliegue de modelos de IA en entornos distribuidos.
Juntas, ambas compañías buscan crear redes capaces de aprender, adaptarse y autogestionarse. El proyecto AI-RAN no solo representa un salto tecnológico, sino también un paso estratégico para Europa. En un contexto marcado por la dependencia tecnológica de Estados Unidos y China, esta colaboración refuerza la posición de Nokia como pieza central de la soberanía digital europea.
Un gigante rentable, aunque discreto
Lejos del foco mediático de su etapa como marca de consumo, Nokia se mantiene como una de las empresas tecnológicas más rentables y estables de Europa. En 2024 registró 2.300 millones de euros de beneficio operativo, con un margen cercano al 10 %. La firma ha reducido su deuda, incrementado la inversión en I+D hasta el 17 % de sus ingresos y diversificado sus fuentes de negocio.
Además de telecomunicaciones, trabaja en energía, transporte, defensa y ciudades inteligentes. Su plataforma Nokia Digital Automation Cloud permite a empresas e instituciones desplegar redes privadas 5G o 6G adaptadas a sus necesidades, una línea de negocio en rápido crecimiento que complementa las infraestructuras públicas.
Esta estrategia no solo ha devuelto la rentabilidad a la empresa, sino que también le ha permitido posicionarse en mercados con fuerte demanda de digitalización industrial. En silencio, Nokia se ha convertido en el esqueleto invisible de la conectividad global.
Europa y la autonomía digital
En un mundo dividido por tensiones tecnológicas y comerciales, Nokia y Ericsson representan el último gran bastión europeo en el sector de las telecomunicaciones. Su supervivencia y competitividad son cuestiones estratégicas para la Unión Europea, que busca reducir la dependencia de proveedores chinos y estadounidenses en sectores críticos.
La Comisión Europea ha situado a Nokia en el centro de su estrategia de autonomía digital, destinando fondos del programa Horizon Europe a proyectos de ciberseguridad, inteligencia artificial aplicada a redes y desarrollo de 6G. Paradójicamente, la alianza con Nvidia —una empresa estadounidense— refuerza esa independencia, ya que demuestra que Europa todavía cuenta con activos tecnológicos capaces de atraer inversión global y no solo de recibirla pasivamente.
Un contexto que enlaza con el debate sobre la regulación digital en Europa y la necesidad de mantener control sobre sus infraestructuras estratégicas.
No una resurrección, sino una metamorfosis
La historia de Nokia no es la de una resurrección, sino la de una transformación profunda. La compañía pasó de fabricar los dispositivos con los que las personas se comunicaban a construir la infraestructura que lo hace posible. De ser una marca visible y masiva, se ha convertido en una columna vertebral silenciosa de la economía digital.
Con la inteligencia artificial como motor, Nokia vuelve a ocupar un lugar central en la innovación tecnológica. Ya no vive en los bolsillos de los usuarios, sino en el corazón de las redes que sostienen la sociedad conectada. Y eso, más que una resurrección, es una metamorfosis en toda regla.
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