Del mismo modo que tenemos una serie de artículos dedicados a explicar el apasionante mundo de bitcoin, hemos iniciado también otra serie centrada en otro gran fenómeno digital: los tokens no fungibles, o NFT. Tras la primera entrega , aquí tienes la segunda, en la que ampliamos cuestiones esenciales de los NFT.
En esta segunda tanda nos fijamos en la compra y coleccionismo de NFT, el aspecto al que deben buena parte de su popularidad y alta cotización. Tal y como ocurre al comprar arte tradicional -como cuadros, esculturas…-, al comprar NFTs estás apoyando económicamente a los artistas que te gustan y que más aprecias. Además, al adquirir un NFT, normalmente obtienes algunos derechos adicionales, como usarlo de imagen de perfil en una red social o publicarla en internet. Eso sin contar que puedes presumir de ser el propietario de la obra de arte digital, por mucho que cualquier otra persona pueda tener una copia o descargarla igualmente.
A eso se suma que, si coleccionas NFTs, entras en el mundo del coleccionismo como con cualquier otro objetivo. Si tienes olfato, puede que tus NFTs se revaloricen considerablemente y puedas venderlos con un notable margen de beneficio. Y si no tienes esa suerte pero te gustan los NFTs que coleccionistas, siempre te queda el placer de admirar tu colección y enseñársela a otros coleccionistas o a tu cuñado cuando venga por casa.
Eso sí, ten en cuenta que si algunos NFTs son únicos, tan únicos como puede ser la versión manuscrita de una obra maestra de la literatura o una pintura al óleo sobre lienzo, hay NFTs que, en cambio, forman parte de una tirada limitada de, por ejemplo, cien ejemplares. Aunque las copias suelan estar numeradas, eso influirá decididamente en su futura cotización.
Esos NFTs, en cualquier caso, pueden convertirse en piezas exclusivas altamente codiciadas o, simplemente, en objetos no más valiosos que las cartas de juegos que llevan décadas en el mercado. Ambas opciones pueden ocurrir y la segunda es más probable por pura estadística.
Aun así, son numerosos los ejemplos de lucrativos NFTs a partir de fuentes inesperadas, como cuando Logan Paul vendió copias digitales de sus videoclips por hasta veinte mil dólares. Sí, el videoclip tal cual, exactamente como se ve en YouTube, por ejemplo, solo que el comprador pasa a ser el propietario de una copia digital única. Claro que, si se lo propusiera, podría vender un centenar de copias más de ese mismo videoclip, debidamente numeradas, y hacer todavía más caja: nadie podría impedírselo, aunque sería visto como una fea maniobra oportunista.
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