Investigadores de la Rockefeller University han aportado nueva luz a la popular Ley de Moore, posiblemente la más famosa predicción tecnológica del mundo, la que indica que “aproximadamente cada 2 años se duplica el número de transistores en un microprocesador”.
El estudio, publicado por PLOS One, revela un patrón histórico más matizado del crecimiento de la densidad de los transistores en los chips de silicio que permiten que los ordenadores y otros aparatos tecnológicos sean más rápidos y poderosos.
De hecho, desde 1959, ha habido seis olas con ese tipo de mejoras, cada una de ellas con una duración de unos seis años, durante los cuales la densidad de transistores por chip se multiplicó al menos por 10, según indica la investigación, titulada ‘Moore’s Law Revisited through Intel Chip Density’. El artículo se basa en una investigación previa sobre chips DRAM como organismos modelo para el estudio de la evolución tecnológica.
El nuevo trabajo clarifica los arcos del patrón de olas adoptando una novedosa perspectiva sobre la densidad de los chips, que tiene en cuenta el tamaño cambiante de los chips usados en los procesadores Intel desde 1959.
El estudio ha comprobado que, a cada ola de crecimiento de unos seis años de duración, le siguen uno tres años de crecimiento insignificante. Eso afirman sus autores, David Burg y Jesse Ausubel, del Programa para el Entorno Humano de la Rockefeller University, en New York. De hecho, afirman que el siguiente acelerón en el crecimiento de la miniaturización de transistores y en la capacidad de la computación se está atrasando.
Un acelerón que, aseguran, será impulsado por la demanda de tecnologías de inteligencia artificial que precisan de muchos datos, como el reconocimiento facial; por las redes y equipamientos de móviles con 5G; por los coches autónomos; y, finalmente, por innovaciones similares de alta tecnología que precisan de mayor velocidad de procesamiento y capacidad de computación.
Cerebras, una ‘startup’, ha promocionado el mayor chip jamás construido, el Wafer-Scale Engine, 56 veces más grande que la mayor unidad de procesamiento gráfico, que ha dominado las plataformas de computación para la inteligencia artificial y el aprendizaje automático.
En cualquier caso, el final de la era de los chips de silicio está a la vista, dado que solo quedarían uno o dos pulsos de silicio antes de que mayores avances se vuelvan exponencialmente más difíciles debido a las realidades físicas y a las limitaciones económicas, afirman los investigadores.
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