El tiempo dedicado a dormir y, sobre todo, la calidad del sueño, es uno de los grandes olvidados en los estudios y análisis de la productividad. También es esencial para que los trabajadores se sientan mejor y tengan mejor salud, pero es evidente que eso repercute en un mejor ambiente de trabajo y, por tanto, en una mejora del rendimiento.
En este caso planteamos una sola pregunta que, además, es muy sencilla: ¿hasta qué punto es importante para una empresa que sus empleados duerman bien? Más precisamente, ¿es esta una cuestión esencial en el contexto de una pandemia global con la incertidumbre que eso conlleva?
No creo que nadie se sorprenda al saber que la palabra insomnio fue buscada en Google durante el 2020 más que nunca. Eso se debe, además de a causas evidentes como el aumento del estrés, a otros factores menos obvios como los cambios en los hábitos diarios y en nuestra vida social que la pandemia y los confinamientos han provocado.
Expertos del sueño: parte fundamental de los programas de salud
Y claro, como un personal cansado es menos productivo, numerosas compañías se han centrado en ayudar a sus empleados a lograr un sueño más largo y de mejor calidad. La agencia de publicidad GroupM, por ejemplo, ha contratado a un experto del sueño para que ofrezca sesiones individuales a sus trabajadores. Sesiones en las que el experto valora las circunstancias personales y los problemas de salud que pueden provocar su dificultad para dormir y les ofrece herramientas para tratar de resolverlo.
Jennifer Harley, socia de GroupM, asegura que estas sesiones seguirán siendo un aspecto fundamental de su programa de salud y de bienestar: “cuando no dormimos lo suficiente, no llega la mejor versión de nosotros mismos al trabajo, así que necesitamos invertir en bienestar. Las empresas deben preocuparse por el impacto de tener a gente que es feliz, saludable y ha descansado bien”.
Max Kirsten, hipnoterapista y ‘coach’ del sueño, asegura que muchos de los malos hábitos en los que la gente ha caído durante la pandemia, como un aumento en la exposición a pantallas de móviles y tabletas, está causando estragos en los patrones del sueño: “la gente pasa de utilizar pantallas en el trabajo a usarlas en su tiempo libre y, finalmente, antes de irse a dormir. Por supuesto, tampoco ayudan cuestiones como el alcohol o un exceso de cafeína por las tardes o noches”.