Crecimiento y productividad: España en Europa

Gráfico que muestra el crecimiento económico desacelerándose al alcanzar un límite de productividad

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Crecimiento y productividad: España en Europa

España puede crecer más que la media europea y, aun así, no acercarse de forma sostenida a las economías más productivas del continente. Esta aparente contradicción es uno de los ejes centrales del ciclo económico actual: el PIB avanza, el empleo resiste y la actividad se mantiene, pero el salto de calidad —el que se traduce en salarios reales más altos, márgenes empresariales más sanos e innovación— depende de una variable más difícil de mover: la productividad.

En la primera entrega de esta serie se planteó a España como un caso especialmente interesante dentro del marco europeo: España ante el nuevo ciclo económico europeo. La segunda explicó uno de los motores que sostienen el crecimiento: la integración laboral en España frente a Europa. Esta tercera pieza aborda el punto donde se decide si un buen tramo de ciclo se convierte en un avance estructural: crecer más no equivale a producir mejor.

¿Qué significa “productividad” y por qué importa tanto en Europa?

La productividad suele resumirse como “producir más con los mismos recursos”, pero en economía tiene una lectura práctica: cuánto valor genera una economía por cada hora de trabajo. Ese indicador condiciona el crecimiento de los salarios reales, la competitividad, la capacidad fiscal del Estado y la sostenibilidad del bienestar social. En una Europa que envejece, la productividad es aún más determinante: si habrá menos población en edad de trabajar, el crecimiento dependerá más de hacer que cada hora trabajada sea más valiosa.

Organismos internacionales usan medidas estándar para facilitar comparaciones entre países. La OCDE, por ejemplo, define y compara la productividad como PIB por hora trabajada, precisamente para capturar diferencias entre economías con mercados laborales distintos. GDP per hour worked (OCDE).

El dilema europeo: empleo resistente, productividad débil

En los últimos años, Europa ha mostrado una paradoja recurrente: el empleo se ha sostenido mejor de lo esperado, pero la productividad ha avanzado poco. Esta combinación produce un crecimiento que puede parecer razonable en el corto plazo, pero que deja un problema latente: si la productividad no sube, el margen para mejorar niveles de vida se estrecha.

Eurostat viene señalando esta debilidad con indicadores de cuentas nacionales. En su análisis de tendencias de productividad, muestra cómo la productividad por hora trabajada en la UE ha tenido avances modestos tras los retrocesos recientes, y cómo el comportamiento agregado oculta realidades muy diferentes entre países. Productivity trends using key national accounts indicators (Eurostat).

Esta es la fotografía de fondo: Europa necesita elevar productividad en un entorno de transición energética, competencia tecnológica global y tensiones geopolíticas. En ese tablero, España aparece con un crecimiento relativamente dinámico, pero con dudas más persistentes sobre su capacidad de elevar valor añadido por hora trabajada.

España en el espejo europeo: crecer por empleo no es lo mismo que crecer por eficiencia

El crecimiento español ha tendido a apoyarse, con más frecuencia que en otras economías líderes del continente, en una combinación de aumento del empleo y fortaleza de sectores intensivos en trabajo, especialmente servicios. Esto tiene ventajas claras: amortigua ciclos, sostiene consumo y reduce el riesgo de estancamiento súbito. Pero tiene un límite conocido: si el empleo crece más rápido que la productividad, la convergencia se ralentiza.

En términos sencillos, España puede sumar PIB añadiendo más personas al mercado laboral —incluida inmigración integrada con rapidez—, mientras que otros países pueden crecer menos pero hacerlo con una base más intensiva en capital, tecnología y productividad. El resultado se ve con claridad en tres tensiones:

  • Salarios reales: dependen de la productividad a medio plazo.
  • Márgenes empresariales: si el valor por hora no sube, el ajuste se traslada a costes y precios.
  • Competitividad: la economía compite mejor cuando produce bienes y servicios con más valor añadido, no solo más volumen.

¿Por qué la productividad es tan difícil de mover en España?

El debate sobre productividad suele caer en frases genéricas (“hay que innovar”), pero en la práctica se explica por mecanismos muy concretos:

1) Estructura sectorial y peso del valor añadido

Si una parte relevante del crecimiento se concentra en sectores con baja productividad media (por ejemplo, actividades con alta rotación y menor intensidad tecnológica), el crecimiento puede ser sólido, pero el salto estructural se vuelve más difícil. No es un problema de “servicios sí o no”, sino de qué tipo de servicios: no aporta lo mismo un tejido fuerte de servicios profesionales y digitales que un crecimiento apoyado en segmentos de bajo valor añadido.

2) Tamaño empresarial y capacidad de inversión

Las economías con mayor productividad suelen tener un peso mayor de empresas medianas y grandes con capacidad de invertir de forma sostenida en tecnología, procesos, formación y expansión internacional. Cuando el tejido se concentra en empresas pequeñas, el salto de productividad es más irregular: hay casos excelentes, pero cuesta generalizar el progreso.

3) Capital humano y asignación del talento

España no carece de talento, pero el problema aparece cuando ese capital humano no se asigna bien: sobrecualificación, barreras de movilidad y trayectorias laborales que no capturan el valor real de los perfiles. Este punto enlaza con la cuarta entrega, donde se analizará un aspecto especialmente relevante para la competitividad europea: talento hispanoamericano y competitividad europea.

4) Inversión, digitalización y adopción tecnológica

La productividad no sube solo por “tener tecnología”, sino por adoptarla bien: procesos, gestión, formación, datos. Muchas economías avanzadas han mostrado que la digitalización sin cambios organizativos genera mejoras limitadas. La productividad mejora cuando las empresas convierten tecnología en eficiencia real.

El termómetro del modelo: salarios y costes laborales en Europa

Una forma útil de entender la relación entre productividad y niveles de vida es observar salarios y costes laborales. En Europa hay diferencias muy amplias entre países: no solo por impuestos o estructura social, sino porque las economías con mayor productividad suelen sostener mayores costes laborales sin perder competitividad, al generar más valor por hora trabajada.

Eurostat recoge estas diferencias en sus estadísticas de salarios y costes laborales, mostrando la dispersión entre países y cómo el coste por hora puede variar de forma sustancial dentro de la UE. Wages and labour costs (Eurostat).

España se mueve en la zona media-baja del bloque. Eso puede ser una ventaja para competir en ciertos segmentos, pero también marca un límite: si la productividad no sube, es difícil sostener mejoras salariales generalizadas sin tensar precios o márgenes. Y si los salarios no suben, el consumo y la cohesión social pierden impulso a medio plazo.

El riesgo de una Europa a dos velocidades (y la posición de España)

Europa ya convivía con brechas estructurales antes de la pandemia. El riesgo actual es que esas brechas se consoliden: economías que avanzan en productividad gracias a capital, tecnología y sectores punteros, frente a economías que sostienen crecimiento con empleo y demanda interna, pero con menor capacidad de elevar valor por hora.

España, en este esquema, aparece como un país con mejor inercia cíclica que algunos socios, pero con un reto claro: convertir dinamismo en convergencia. Eso no se resuelve con un solo indicador ni con un año bueno. Se resuelve con cambios acumulativos en inversión, tejido empresarial, formación y asignación del talento.

¿Qué señales indican si España está transformando el crecimiento en productividad?

Para evaluar si España está aprovechando este ciclo para mejorar de forma estructural, conviene vigilar señales concretas:

  • Inversión productiva: si aumenta de forma sostenida, suele anticipar mejoras de eficiencia.
  • Difusión tecnológica: no solo grandes empresas; adopción en el conjunto del tejido.
  • Movilidad y asignación del talento: menos sobrecualificación y mejores trayectorias.
  • Composición del crecimiento: más peso de actividades de mayor valor añadido.
  • Evolución salarial compatible: mejoras reales sin trasladar presión excesiva a precios.

España no necesita elegir entre crecer y ser productiva; necesita que el crecimiento actual abra espacio para invertir, reasignar talento y elevar valor añadido. Ese es el salto que separa un buen momento económico de una transformación duradera dentro de Europa.

Preguntas frecuentes

¿Por qué la productividad es tan importante para la economía europea?

Porque Europa envejece y la población en edad de trabajar crece poco o disminuye. Si hay menos horas disponibles, el crecimiento depende más de producir más valor por hora trabajada, lo que sostiene salarios, competitividad y bienestar.

¿España puede crecer sin mejorar productividad?

Puede hacerlo durante un tiempo, especialmente si el crecimiento se apoya en empleo y demanda interna. El problema es que, sin productividad, es más difícil sostener subidas salariales generalizadas y converger con las economías líderes.

¿Qué diferencia hay entre crecer por empleo y crecer por productividad?

Crecer por empleo implica aumentar producción sumando más trabajadores u horas trabajadas. Crecer por productividad implica generar más valor con las mismas horas, normalmente a través de inversión, tecnología, organización y capital humano.

¿Cómo se compara España con Europa en productividad por hora trabajada?

La comparación internacional suele realizarse con indicadores como el PIB por hora trabajada. En general, España se sitúa por debajo de las economías europeas más productivas, lo que condiciona salarios y convergencia, aunque el desempeño varía por sectores.

¿Qué debería vigilar una empresa que opera en España?

La evolución de inversión, digitalización real, disponibilidad de talento cualificado y costes laborales. Si la productividad mejora, habrá más margen para crecimiento sostenible; si no, aumentarán tensiones en precios, salarios y márgenes.

Imagen de David Martín Lorente

David Martín Lorente

Periodista madrileño de 36 años, especializado en el análisis de la tecnología, el emprendimiento y los negocios. Con una larga trayectoria en el ámbito tecnológico, David se especializa en desgranar las tendencias de mercado, los movimientos empresariales y cómo la innovación digital y tecnológica redefine el futuro de la economía, los negocios y el mundo que nos rodea. Su objetivo principal es transformar la complejidad del ecosistema tecnológico y empresarial en información clara y útil, buscando que la audiencia comprenda este mundo en constante cambio para su crecimiento tanto personal como profesional.

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