Oriente Medio y Norte de África: refugio ante la inflación y hubs regulados
La región MENA —acrónimo de Oriente Medio y Norte de África— es uno de los escenarios más contrastados en el mapa global de las criptomonedas. Mientras que en el norte de África el uso se basa en la necesidad y la informalidad, en el Golfo Pérsico se construyen auténticos hubs institucionales que lideran la adopción regulada. Este artículo forma parte de la serie Criptomonedas en el mundo (2020–2025).
Una región, dos velocidades
La brecha entre el norte de África y los países del Golfo es evidente: economías con inflación estructural, controles de capital y monedas débiles frente a potencias financieras con capacidad de regulación avanzada y políticas proinnovación. Sin embargo, ambos polos encuentran en las criptomonedas un espacio de oportunidad, aunque con lógicas opuestas: supervivencia en un lado, liderazgo económico en el otro.
Egipto, Marruecos y Túnez: cripto como refugio informal
En Egipto, la libra egipcia ha perdido más del 50 % de su valor frente al dólar desde 2022. El acceso a divisas extranjeras está fuertemente controlado, y las tasas de inflación superan el 30 %. Marruecos y Túnez enfrentan contextos similares, con mercados paralelos para obtener dólares y una creciente dependencia de remesas.
Ante esta situación, los ciudadanos recurren a criptomonedas, especialmente stablecoins como USDT y USDC, para preservar valor. El acceso se realiza a través de canales no oficiales: plataformas P2P como Binance, intercambios en redes sociales, grupos de WhatsApp o Telegram, y operaciones físicas en mercados informales. A pesar de las prohibiciones o vacíos legales, la adopción no se frena, al contrario: se adapta.
El anonimato, la falta de bancos fiables y la posibilidad de evitar restricciones hacen de las cripto una herramienta funcional en estas economías. Aunque no existen datos oficiales, se estima que millones de dólares en stablecoins se mueven cada mes en la región de forma no regulada.
Líbano: el caso extremo del colapso bancario
Aunque no forma parte del norte de África, Líbano es parte del mundo árabe y su caso merece mención. Desde el colapso del sistema bancario en 2019, los libaneses han perdido acceso a sus ahorros, y el valor de la libra libanesa se ha desplomado. En este contexto, criptomonedas como Bitcoin y USDT se han convertido en herramientas esenciales para conservar valor, hacer pagos o recibir remesas.
El uso se ha extendido incluso a profesionales freelance, que cobran en cripto desde el extranjero. También han proliferado pequeños negocios que aceptan USDT como medio de pago, al margen del sistema bancario tradicional.
Dubái: la capital regulada de la criptoeconomía árabe
Mientras tanto, los Emiratos Árabes Unidos han tomado la delantera en institucionalizar el ecosistema cripto. La VARA en Dubái y la ADGM en Abu Dhabi han diseñado marcos legales modernos que permiten la operación de exchanges, custodios, fondos y proyectos DeFi bajo supervisión estatal.
Binance, Crypto.com, Bybit y OKX ya tienen licencias en Emiratos. También se celebran regularmente eventos como TOKEN2049 o la World Blockchain Summit, que convierten a Dubái en un punto de encuentro para el ecosistema global. Grandes fondos soberanos de inversión, como Mubadala o ADQ, han comenzado a participar en rondas de inversión en Web3, NFTs o infraestructura de blockchain.
El atractivo de Dubái no es solo legal. Su infraestructura tecnológica, sus ventajas fiscales y su neutralidad geopolítica la convierten en sede de proyectos que huyen de las incertidumbres regulatorias de Europa o Asia.
Arabia Saudí, Catar y Bahréin: regulación con cautela
Arabia Saudí ha dado pasos discretos pero firmes. Aunque las criptomonedas no son legales para el uso minorista, sí se permiten proyectos tecnológicos asociados al sector financiero. El Banco Central saudí ha explorado tecnología blockchain para pagos transfronterizos y colabora con el de Emiratos en el proyecto Aber, una moneda digital bilateral.
Bahréin ha seguido una línea similar a Dubái, otorgando licencias a exchanges globales y promoviendo un entorno fintech competitivo. Catar, en cambio, mantiene restricciones más fuertes pero ha comenzado a experimentar con su propia CBDC.
Stablecoins: la moneda digital de facto
USDT y USDC han ganado terreno en el norte de África como sustitutos del dólar físico. Se usan para remesas, pagos entre particulares, compra de productos online y como reserva de valor. Su estabilidad y facilidad de acceso las hacen superiores al efectivo o a las monedas locales volátiles.
En ausencia de rieles bancarios eficientes, los intercambios P2P, los agentes informales y las wallets móviles han creado una economía paralela basada en stablecoins. Es un fenómeno que recuerda a lo que ocurre en África Subsahariana o Venezuela, aunque con menos visibilidad internacional.
CBDCs y monedas digitales estatales
La región también ha avanzado en el terreno de las monedas digitales estatales. El proyecto Aber, impulsado por Arabia Saudí y Emiratos Árabes, explora una CBDC bilateral para pagos entre bancos centrales. Aunque todavía no se ha lanzado públicamente, representa un modelo de coordinación regional para digitalizar las finanzas sin depender de criptomonedas públicas.
Mientras tanto, otros bancos centrales como el de Marruecos o Egipto observan con cautela, evaluando la posibilidad de emitir sus propias monedas digitales, aunque sin pasos firmes por ahora.
La región como polo geopolítico emergente
Dubái, Abu Dhabi y, en menor medida, Bahréin, están construyendo un ecosistema que va más allá de las criptomonedas: buscan liderar la infraestructura del dinero digital global. Esto incluye tokenización de activos, identidad digital, metaverso regulado y pagos descentralizados.
Al atraer talento, empresas y fondos, los países del Golfo se posicionan como nodos clave entre Asia, Europa y África. Esto tiene implicaciones no solo económicas, sino también políticas, culturales y tecnológicas. La diplomacia financiera digital ya está en marcha.
Dos realidades, una región en transformación
Oriente Medio y el norte de África condensan dos formas de vivir la criptoeconomía. Una parte de la región utiliza las criptomonedas por necesidad, a escondidas y sin permiso. Otra las institucionaliza, las regula y las usa para proyectar poder y modernidad.
Este doble movimiento —de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo— hace que MENA sea una región clave para entender el futuro del dinero digital. Porque en sus tensiones, contradicciones y oportunidades se refleja también el dilema global de hacia dónde vamos.
Mucho de lo que aquí ocurre se conecta con lo que ya analizamos en la criptoeconomía del futuro. Y también con lo que sucede en América Latina, África o Asia: territorios donde las criptomonedas no solo se piensan, se usan.
Preguntas frecuentes (FAQ)
¿Se puede usar cripto legalmente en Marruecos o Egipto?
Oficialmente no, pero en la práctica se usan stablecoins y plataformas P2P de forma informal y cada vez más extendida.
¿Qué papel juega Dubái en el mundo cripto?
Es uno de los hubs más avanzados en regulación cripto, sede de grandes empresas y epicentro de la Web3 institucional.
¿Están desarrollando CBDCs en la región?
Sí. Arabia Saudí y Emiratos lideran con el proyecto Aber, y otros países como Catar o Marruecos evalúan su adopción.
¿Por qué son importantes las stablecoins aquí?
Porque sustituyen al dólar en economías con inflación, restricciones monetarias o desconfianza bancaria.
¿Qué diferencia hay con África Subsahariana?
En MENA hay tanto adopción informal por necesidad como hubs institucionales que promueven el ecosistema regulado.
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