Tras dos décadas perfeccionando una idea que desafía la forma en que las compañías liquidan sus deudas, el fundador de Clearitt, Richard Johnsson, cree que el futuro de las finanzas empresariales podría pasar por mover mucho menos dinero.
Por Mattias Tönnheim
La mayoría de los emprendedores pasan años buscando la gran idea que transforme su trayectoria profesional. Para Richard Johnsson, el desafío ha sido precisamente el contrario. El empresario de origen sueco, nacionalizado australiano y fundador de la fintech Clearitt, lleva más de veinte años intentando hacer realidad una única idea.
“Se me ocurrió casi completamente formada mientras conducía por la autopista”, recuerda. “El problema no era la idea. El problema era que el mundo aún no estaba preparado para ella”.
En el núcleo de Clearitt hay una propuesta tan sencilla como disruptiva. En cualquier momento dado, las empresas mantienen entre sí enormes volúmenes de deuda pendientes de pago. Solo en Australia, esa cifra se estima en torno a los 470.000 millones de dólares australianos. Según Johnsson, una parte importante de esas obligaciones ya se compensan de forma natural dentro de la propia economía.
En lugar de que cada empresa pague individualmente cada factura, la plataforma de Clearitt permite compensar obligaciones entre múltiples socios comerciales de manera simultánea, liquidando únicamente el saldo neto resultante.
“Lo que ya existe entre las empresas, en gran medida, se compensa por sí solo”, explica. “Solo es necesario mover el importe neto final en efectivo”.
El concepto, denominado por la compañía Universal Contra-Accounts, busca reducir la fricción en los pagos empresariales permitiendo que las obligaciones se liquiden de forma más eficiente dentro de redes de compañías interconectadas. Johnsson describe el mecanismo como “el Linux de las finanzas empresariales”: una infraestructura abierta diseñada para impulsar un ecosistema más amplio, en lugar de capturar valor en cada etapa del proceso.
Un fundador poco convencional
Johnsson no encaja en el perfil habitual de los ejecutivos fintech. Mientras muchos fundadores hablan con soltura sobre costes de adquisición de clientes, métricas de valor de vida o estrategias de crecimiento acelerado, él se mueve con igual comodidad entre conversaciones sobre filosofía, consciencia y teoría de sistemas.
“Siempre me han atraído las ideas que todavía no tienen nombre”, afirma.
Esa curiosidad intelectual ha marcado gran parte de su trayectoria. De hecho, duda incluso en definirla como una carrera profesional convencional. Una anécdota resume especialmente bien su forma de entender la vida.
Tras llegar a un punto en el que se sentía estancado profesionalmente, caminó una tarde hasta una playa y lanzó una petición al universo: “Universo, ven a mí”. Al día siguiente recibió la llamada de un cazatalentos que le ofrecía un puesto de consejero delegado en Pekín.
“Acepté inmediatamente”, recuerda.
La historia parece demasiado improbable para ser cierta, pero refleja una constante en su vida: la disposición a abrazar la incertidumbre cuando siente que un camino es auténtico.
Esa mentalidad le ha llevado a cruzar países, industrias y posiciones directivas, tomando decisiones que a menudo parecían irracionales para quienes le rodeaban. En una ocasión abandonó un puesto ejecutivo de alto nivel y se trasladó al extranjero con su esposa y sus tres hijos sin tener ningún empleo asegurado.
“Le dije a todo el mundo que sí tenía un trabajo esperándome”, admite. “Para la mayoría habría parecido una locura. Pero quedarme habría significado vivir una vida que no era la mía”.
Construir en función del momento, no de la tecnología
Aunque la idea central de Clearitt apenas ha cambiado desde su concepción, Johnsson considera que el entorno tecnológico solo recientemente ha alcanzado la madurez necesaria para hacerla viable.
“Simplemente no existía la infraestructura”, explica.
Hace veinte años no había plataformas en la nube, APIs modernas, teléfonos inteligentes ni los sistemas interconectados que hoy sustentan el comercio digital.
Lo que ha cambiado no es la visión, sino las herramientas disponibles para ejecutarla. La inteligencia artificial ha acelerado aún más ese proceso.
Johnsson reconoce abiertamente que la IA ha transformado su forma de trabajar, reduciendo drásticamente los ciclos de desarrollo y permitiéndole pasar de la idea a la implementación con una velocidad impensable hace apenas unos años.
En un momento determinado, la salida de un desarrollador clave parecía un golpe importante para la compañía. Sin embargo, terminó convirtiéndose en un punto de inflexión.
“Me di cuenta de que podía hacer gran parte del trabajo yo mismo utilizando herramientas de inteligencia artificial”, afirma. “Desapareció la distancia entre la idea que tenía en la cabeza y el producto”.
Desafiando las reglas tradicionales de las startups
Algunas de las decisiones estratégicas más importantes de Clearitt han ido en contra de las recomendaciones habituales del ecosistema emprendedor. Quizá la más significativa fue convertir la plataforma en un servicio gratuito.
Durante los primeros años, Johnsson se vio atrapado en el lenguaje habitual de las startups: costes de adquisición, ingresos recurrentes y monetización temprana.
Con el tiempo llegó a la conclusión de que esos modelos no encajaban con una plataforma basada en efectos de red, cuyo valor aumenta a medida que crece la participación.
“En el momento en que dejé de intentar encajar métricas convencionales en el negocio, todo empezó a tener sentido”, explica.
Para Johnsson, el crecimiento depende menos de generar ingresos inmediatos y más de alcanzar una masa crítica de usuarios. Una filosofía que refleja un patrón constante en su pensamiento: primero construir el sistema, después monetizarlo.
Liderar desde la alineación
A pesar de su reputación como pensador visionario, Johnsson se define, ante todo, como una persona orientada al trabajo en equipo. A lo largo de su vida ha asumido con frecuencia posiciones de liderazgo, tanto en el deporte como en los negocios.
Su filosofía de gestión se basa más en la alineación que en la jerarquía.
“Las personas que se unen a nosotros lo hacen porque quieren que esta visión se haga realidad”, afirma.
Ese enfoque fue puesto a prueba durante los años que dirigió equipos en China. Consciente de que las normas culturales a menudo desincentivaban cuestionar a la autoridad, fomentó deliberadamente el desacuerdo dentro de la organización.
En una ocasión pidió a su asistente que le contradijera públicamente durante las reuniones.
“Quería que la gente entendiera que discrepar estaba permitido”, explica. “Valoraba las opiniones distintas. Pero una vez tomada una decisión, esperaba que todos se comprometieran con ella”.
La resistencia por encima de todo
Como muchos emprendedores, Johnsson considera que la incertidumbre financiera prolongada es la parte más difícil de construir una empresa.
Operar con recursos limitados mientras se mantiene el impulso del proyecto puede resultar agotador, especialmente cuando los empleados y sus familias dependen del éxito futuro de la compañía.
“No se trata únicamente de tu propia situación”, afirma. “Sabes que otras personas tienen hipotecas, parejas e hijos. Esa responsabilidad siempre está presente”.
Sin embargo, después de más de dos décadas desarrollando el concepto que dio origen a Clearitt, mantiene una serenidad poco habitual respecto al resultado final.
Su confianza parece estar basada menos en la ambición que en la convicción.
“He sido el custodio de esta idea durante mucho tiempo”, dice. “Mi papel consiste simplemente en hacer todo lo posible para traerla al mundo”.

Clearitt founder Richard Johnsson
Más allá del horizonte
Cuando se le pregunta por sus mayores ambiciones, ofrece una respuesta sorprendente. Según asegura, Clearitt ni siquiera es su idea más importante.
“Hay otra”, dice sonriendo. “Mucho más grande”.
Por ahora, sin embargo, su atención sigue centrada en construir la compañía y demostrar que existe una forma diferente de gestionar los pagos empresariales.
En cuanto al legado que espera dejar, rechaza la premisa de la pregunta.
“No vine aquí para construir un legado”, afirma.
“Seré perfectamente feliz si, al final del camino, puedo decir que cumplí mi misión, o al menos que entregué todo lo que tenía”.
Está por ver si Clearitt logrará transformar las finanzas empresariales.
Pero después de veinte años de perseverancia, Johnsson parece estar menos preocupado por el reconocimiento que por la ejecución. Para un fundador que ha dedicado décadas a una única idea, esa puede ser la medida más auténtica del éxito.
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